El lunes 22 de marzo de 1946, William Beveridge aterrizó en Madrid. Fue recibido en el aeropuerto de Barajas por los Profesores Castiella, decano de la Facultad de Ciencias Económicas, y Royo-Villanova, Secretario de la misma; el agregado cultural de la Embajada británica y Pedro Sangro y Ros de Olano, Presidente del Consejo de Administración del Instituto Nacional de Previsión. Hace ahora ochenta años, uno de los grandes arquitectos del Estado de bienestar moderno ponía pie en una España aislada internacionalmente y sometida al régimen franquista. Su visita, breve e intensa, generó reacciones que van desde el entusiasmo más genuino hasta la propaganda política más calculada. Merece la pena recorrer aquellos días y escuchar las voces que los narraron.
Antes de hablar del viaje, conviene presentar al personaje. Sir William Beveridge era de familia escocesa y nació en la India, donde su padre desempeñaba el cargo de juez (para una visión más amplia de su vida, nos remitimos a (J. R. Mercader Uguina, William Beveridge, en R. Domigo (Ed.), Juristas Universales, Madrid, Marcial Pons, 2004, III, pp. 595 a 597). Fue justamente Churchill, como Ministro de Economía del Gobierno Asquith,quien sugirió a su homólogo de Hacienda Lloyd George la idea de confiarle la ejecución del Plan Nacional de Seguros, y a partir de entonces le fueron encomendadas tareas tan delicadas como la organización de la Bolsa del Trabajo y del Racionamiento Alimenticio durante la primera guerra mundial. Su «plan», la auténtica obra cumbre de su vida, es indiscutiblemente el informe sobre los Seguros Sociales, conocido en el mundo entero con el nombre de «Beveridge Report»; su ampliación es el «Full Employment in a Free Society«, que fue un auténtico best seller de la época (como cuenta el propio autor, pues, al cabo de un año de su publicación se vendieron 250.000 ejemplares del informe completo, 350.000 del resumen oficial y 42.000 de la edición norteamericana), y, precisamente, el tema sobre el que disertó en Madrid.
Beveridge venía invitado por Fernando María Castiella y por Luis Jordana de Pozas, director del Instituto Nacional de Previsión, que había llegado con él en el mismo avión donde había ultimado las gestiones para el viaje, y que, a su vez, había viajado el año anterior a Londres para conocer el nuevo Estado de bienestar británico influido por el Plan Beveridge. Según cuenta D. Manuel Alonso Olea, le unía una gran amistad con Sir William, después, Lord Beveridge, hasta el punto de que, con ocasión de un Congreso de la Asociación Internacional de Ciencias Administrativas, D. Luis le invitó en Oxford a un almuerzo privado con el matrimonio. “Toda una experiencia para un joven profesor de Seguridad Social”, cuenta el gran maestro [Manuel Alonso Olea, “Luis Jordana de Pozas (1890-1983)”, en Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Académicos Vistos por Académicos Juristas y Filósofos, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1997, p. 280].
El político acudía a Madrid para dar tres charlas con motivo de la inauguración de la Cátedra de Seguridad Social de la Universidad Central. En la presentación que realizó Jordana de Pozas señaló: “la dotación de una Cátedra de Seguridad Social en la nueva Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid fue acordada por el Consejo del Instituto Nacional de Previsión, presidido entonces por el Sr. Ministro de Trabajo, con la finalidad de que cada año pudiera darse un curso sobre alguna de las amplias materias comprendidas en este nuevo concepto de Seguridad Social”.
En ese momento el contexto internacional era muy tenso. En febrero de 1946, Francia había cerrado sus fronteras. Unos meses después, Francia, Reino Unido y Estados Unidos firmarían la llamada «nota tripartita», en la que pedían la renuncia de Franco y el establecimiento de un gobierno provisional. A finales de 1946, la ONU aprobaría una declaración en la que se excluía a España de la organización y se invitaba a la retirada de embajadores del país. No era, pues, un momento cualquiera.
Las tres conferencias tuvieron lugar las tardes de los días 27, 28 y 29 de marzo. La primera en el gran salón de actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y las otras dos en el aula Magna de la Universidad Central (los datos proceden de Boletín del INP, 1946, marzo, pp. 539-547; accesible gracias al enorme e impagable trabajo y profesionalidad de los bibliotecarios del INGESA). La respuesta fue «apabullante», según Arturo Álvarez Rosete, autor del brillante artículo «¡Bienvenido, Mister Beveridge!’ El viaje de William Beveridge a España y la Previsión Social Franquista«. La primera Conferencia estuvo presidida por los Ministros de Justicia y de Industria y Comercio, a cuyo lado se sentaron el Embajador de Su Majestad británica, Sir Víctor Mallet; el Presidente del Consejo de Administración del Instituto Nacional de Previsión, así como los ex Ministros Sres. Larraz, Lequerica y Gascón y Marín. Paradójicamente, o puede que no tanto, el Ministro de Trabajo Girón no acudió a ninguna de las conferencias programadas. La sala estuvo llena los tres días, y la prensa cubrió ampliamente no solo sus charlas sino su periplo por Madrid y alrededores donde, incluso, llegó a presenciar el desfile de la Victoria del 1 de abril, convertido ese año, en palabras de Paul Preston, en una “tremenda manifestación de apoyo a Franco”.
Beveridge visitó casi todas las dependencias del Instituto Nacional de Previsión durante los días que estuvo en Madrid. Visitó la Exposición Permanente de Previsión, instalada en la «Casa de las Flores”, estuvo también en el Servicio Nacional de Vejez, donde contempló la maqueta del edificio que el Instituto pensaba a levantar en la calle de Alcalá (la actual sede del INGESA), y en la Clínica del Trabajo. No faltaron en sus días en Madrid escenas propias de los viajeros ingleses del siglo XIX, como una conversación con unos obreros que comían unas sardinas en aceite o la negativa de una vendedora de claveles a cobrarle.
El contenido de las conferencias, sin embargo, no fue precisamente cómodo para el régimen. En la primera, Beveridge defendió el papel del Estado en la orientación de toda la política económica hacia el objetivo del pleno empleo. En la segunda, describió lo que consideraba una «sociedad libre», en la que existe libertad de conciencia, de opinión, hay alternancia de gobiernos y pluralidad política: «una sociedad en la cual hay un solo partido no es una sociedad libre«. Hubo aplausos, pero también abucheos. Precisamente la prensa española censuró la parte de su conferencia en la que definía lo que era una sociedad libre, como recuerda Ricardo Dudda (Beveridge en Madrid y los kibutz franquistas).
Sobre el pleno empleo, Beveridge fue contundente: «Una sociedad en que no hay ocupación total no ofrece a sus ciudadanos las condiciones esenciales de una vida feliz, puesto que una de estas condiciones es que todo ciudadano en edad de trabajar que tenga oportunidad para hacerlo y obtener una ganancia experimente la sensación de que su aportación es necesaria. El paro de masas es el asesino de la felicidad.»
Beveridge regresó a su país por vía aérea la mañana del día 3 de abril de 1946.
La prensa española del momento reflejó perspectivas muy diversas. Una de las crónicas más curiosas es la firmada por Juan Alberti, que bajo el título “Mister Beveridge y el señor Jordana retornan a sus lares”, El Español. Semanario de la política y del espíritu, 20 de abril de 1946, en el que comparó los viajes de ambos hombres. En ella se observaba que un inglés, Beveridge, y un español, Jordana de Pozas «ambos expertos en la técnica difícil de la sociología, han hecho, cada uno, un viaje reciente al extranjero: Beveridge a España para dar unas lecciones, y Jordana de Pozas a Inglaterra para estudiar algunas cosas». No todos recibieron a Beveridge con el mismo entusiasmo. El economista Germán Bernacer publicó en El Español de 20 de abril de 1946 unas irónicas reflexiones tituladas “Sir William y el paro. Apostillas a unas conferencias”, en las que, aun reconociendo la dimensión del personaje decía: «Dos escollos son los que observamos más destacadamente en el camino que propugna seguir sir Beveridge: la inflación y la pereza». En otro artículo, “En España se puede hablar claro”, El Español, 6 de abril de 1946, se adoptaba un tono propagandístico inequívoco, pero recogía unas palabras del propio Beveridge que el régimen no podía dejar de aprovechar: «A pesar de cuanto se me había dicho, he podido hablar aquí con perfecta libertad.» Y añadió: «Por lo que he podido ver, todo el mundo puede expresarse con esta misma claridad, del mismo modo que en Inglaterra.»
Al régimen los matices no le importaron mucho. Lo importante era que una eminencia del extranjero había visitado el país. La visita de Beveridge era una buena maniobra de propaganda, y más si luego el invitado hablaba relativamente bien del régimen de vuelta a casa. Y así ocurrió, pero solo en parte. A su vuelta al Reino Unido, Beveridge declaró a The Times que «la mayor parte de la gente, incluso aunque no les gustase el gobierno de Franco, le agradecen al menos el tener orden y el estar libres de los asesinatos anarquistas«. Pero también publicó un artículo en The Observer titulado, How to Be Rid of Franco (¿Cómo deshacerse de Franco?)
Sin embargo, el impulso inicial de la invitación no fue exclusivamente propagandístico. Había miembros del régimen con un interés genuino por el Plan Beveridge. En un discurso previo a los seminarios, Jordana de Pozas llegó a afirmar que «el régimen español de Seguros Sociales se anticipó en importantes extremos a algunas de las recomendaciones del Plan Beveridge». Según Álvarez Rosete, Jordana de Pozas «pretendía que las ideas de Beveridge captaran la atención de los actores políticos y se consiguiera su apoyo definitivo a un plan unificado de seguros sociales bajo el monopolio exclusivo del INP».
La visita de Beveridge a Madrid en marzo de 1946 es un episodio revelador de las contradicciones de la España franquista: un régimen que necesitaba el reconocimiento internacional, pero era incapaz de asumir los valores de fondo que sustentaban el pensamiento del visitante. Las ideas del Plan Beveridge —la seguridad social universal, el pleno empleo, la sociedad libre— eran, en su esencia, incompatibles con el orden político que acogía al autor.
Ochenta años después, aquellas conferencias en la Universidad Central siguen siendo un espejo incómodo. Nos recuerdan que las grandes ideas de justicia social no entienden de fronteras.


3 comentarios en «Beveridge aterriza en Madrid, 80 aniversario de un viaje histórico»
Me encanta el artículo! Es interesantísimo!
¡Qué lujo de artículo!
Deliciosa lectura, muy conveniente en nuestro tiempo y de enorme actualidad.
Muchas gracias a los autores por permitirnos disfrutar de la crónica certera de un episodio nacional relatado con altura de miras.
Muchas gracias, querido Rodrigo, por tus amables palabras.