Perspectiva de género en la interpretación judicial: un paso adelante en el reconocimiento de enfermedades profesionales en actividades feminizadas

Perspectiva de género en la interpretación judicial: un paso adelante en el reconocimiento de enfermedades profesionales en actividades feminizadas

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En diversos pronunciamientos emitidos en los últimos años, el Tribunal Supremo ha tenido ocasión de reconocer y calificar como enfermedades profesionales distintas dolencias padecidas por trabajadoras que desarrollaban tareas como limpiadoras, peluqueras, gerocultoras o auxiliares domiciliarias. En estos pronunciamientos, el Tribunal consideró que, a pesar de que tales profesiones no se incluyen expresamente en el listado de actividades que pueden generar una enfermedad profesional, debía considerarse existente la misma a la vista de que las tareas desarrolladas por estas trabajadoras coincidían con las que describe el RD 1299/2006, de 10 de noviembre, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro.

En este sentido, la STS de 5 de noviembre de 2014 (ECLI:ES:TS:2014:5221) resolvió que derivaba de enfermedad profesional la incapacidad temporal de una limpiadora que presentaba síndrome del túnel carpiano puesto que, aunque tal profesión “no está expresamente incluida en la enumeración de actividades capaces de producir la enfermedad profesional «como lavanderos, cortadores de tejidos y material plástico y similares», y otras que también se relacionan, ello no excluye, en modo alguno, que el Síndrome del túnel carpiano asociado a las tareas que componen el haz profesional de una limpiadora pueda conllevar la calificación de enfermedad profesional, puesto que el adverbio «como» indica, sin lugar a dudas, que se trata de una lista abierta”. Lo trascendente, concluye la sentencia, es que se efectúen «Trabajos en los que se produzca un apoyo prolongado y repetido de forma directa o indirecta sobre las correderas anatómicas que provocan lesiones nerviosas por compresión. Movimientos extremos de hiperflexión y de hiperextensión. Trabajos que requieran movimientos repetidos o mantenidos de hiperextensión e hiperflexión de la muñeca, de aprehensión de la mano».

Similares argumentos emplearán las posteriores Sentencias de 18 de mayo de 2015 (ECLI:ES:TS:2015:3031), que reconoce el carácter profesional de la enfermedad de síndrome subacromial derecho que sufría una peluquera; la de 13 de noviembre de 2019 (ECLI:ES:TS:2019:3812) respecto de una gerocultora que padecía epicondilitis; las de 6 y 7 de julio de 2022 (ECLI:ES:TS:2022:2950, ECLI:ES:TS:2022:2866, ECLI:ES:TS:2022:2952 y ECLI:ES:TS:2022:3113 y) referidas a auxiliares domiciliarias que presentaban síndrome del túnel carpiano.

La reciente STS de 20 de septiembre de 2022 (ECLI:ES:TS:2022:3378) vuelve a calificar como enfermedad profesional las dolencias, en este caso la “rotura de manguito izquierdo rotador”, padecidas por una limpiadora. Lo interesante de esta sentencia es que, a los argumentos ya conocidos y manejados por anteriores pronunciamientos, se añade ahora la aplicación de la perspectiva de género, con un razonamiento que refuerza las conclusiones ya señaladas y supone un avance significativo en cuanto facilita a las trabajadoras que padecen dolencias como las citadas la declaración de enfermedad profesional.

En el supuesto analizado en esta última sentencia, el Tribunal Superior de Justicia, en la sentencia recurrida, había rechazado la declaración de enfermedad profesional porque, aun apreciando la existencia de dolencias descritas en el listado de enfermedades profesionales -tendinitis del hombro izquierdo, enfermedad de fatiga de las inserciones tendinosas del hombro, a nivel del manguito rotador, del supraespinoso e infraespinoso-, no constaba que la actividad desarrollada por la limpiadora incluyera movimientos como los que describe el RD 1299/2006 referidos a “trabajar con los brazos por encima de la horizontal en movimientos de abducción o flexión o tensando los tendones y bolsa subacromial”. De modo que, concluye la sentencia, “aunque tratamos de una enfermedad descrita entre las listadas, se estima que la recurrida no incurre en la infracción de normas denunciada, puesto que las previsiones reglamentarias expuestas no comprenden el supuesto aquí analizado, y al que, por tanto, no alcanza la presunción legal de la existencia de enfermedad profesional”.

Es en relación precisamente con esta última presunción legal, que permite entender que en las actividades expresamente señaladas en el RD 1299/2006 se producen determinados movimientos que, a su vez, generan las dolencias tipificadas como enfermedad profesional, donde la aplicación de la perspectiva de género permite al Tribunal Supremo apreciar que la no inclusión de la actividad desarrollada por las limpiadoras en el listado de enfermedades profesionales supone una discriminación indirecta en cuanto les impide beneficiarse de la citada presunción legal.

El Tribunal Supremo recuerda, para empezar, que la profesión de limpiadora es una profesión feminizada y no aparece contemplada en el RD 1299/2006 como profesión susceptible de generar una determinada enfermedad profesional, a pesar de las fuertes exigencias físicas que conlleva, especialmente movimientos repetitivos. A ello se añade que en el cuadro de enfermedades profesionales del apartado 2, letra D del RD 1299/2006, aparecen profesiones masculinizadas -como pintores, escayolistas, montadores de estructuras, curtidores, mecánicos, chapistas, caldereros, albañiles…-, otras en que la presencia de trabajadores de ambos sexos es equilibrada -como carniceros, pescaderos-, pero no aparecen mencionadas profesiones muy feminizadas como las ligadas al sector sanitario y sociosanitario, limpieza y tareas administrativas. Sin embargo, las tareas realizadas por las limpiadoras conllevan esencialmente esfuerzo físico requiriendo en numerosas ocasiones mantener los codos en posición elevada -como en la limpieza de techos, paredes…- o que tensen los tendones -como las tareas de fregado, desempolvado, barrido, pulido, manualmente con útiles tradicionales o con elementos electromecánicos o de fácil manejo-, esfuerzos y movimientos que, en definitiva, encajan con la descripción realizada por la norma reglamentaria.

Todo ello conduce a la conclusión de que la no inclusión de esta profesión en el cuadro de enfermedades profesionales supone una discriminación indirecta. Conclusión de la que, aunque no se diga expresamente, deriva la extensión de la presunción legal a actividades altamente feminizadas en las que pueden producirse las dolencias tipificadas. La consecuencia, en el recurso resuelto por el Tribunal Supremo, es la anulación de la sentencia recurrida y la declaración de existencia de enfermedad profesional.

Sin duda, este pronunciamiento judicial pone de manifiesto la necesidad de actualizar el listado de enfermedades profesionales para incorporar, atendiendo a la perspectiva de género, actividades altamente feminizadas en las que se producen las dolencias que típicamente permiten apreciar la existencia de una enfermedad profesional. Ello debe hacerse, en lo que se refiere a las enfermedades profesionales causadas por agentes físicos como los descritos en el Anexo I, grupo 2 del RD 1299/2006, tras los correspondientes estudios que, atendiendo a factores médico-sanitarios, técnicos, ergonómicos… acrediten que determinadas actividades, actualmente no incluidas, incluyen los movimientos o posiciones que generan las citadas dolencias. A falta de tal expresa actualización, el Tribunal Supremo, en la sentencia que se comenta, asume que tales condiciones concurren en lo que se refiere a determinadas actividades con una alta presencia de mujeres y extiende a las mismas la presunción legal.

Más allá del caso concreto, la STS de 20 de septiembre de 2022 ofrece un buen ejemplo de cómo la perspectiva de género, -derivada del principio general contenido en el artículo 4 LOI según el que la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres es un principio informador del ordenamiento jurídico y, como tal, se integrará y observará en la interpretación y aplicación de las normas jurídicas-, constituye un criterio hermenéutico imprescindible para la interpretación de las normas jurídicas y un instrumento esencial para avanzar en la igualdad y no discriminación. Un criterio que viene aplicándose ya con cierta frecuencia, tanto por el Tribunal Supremo como por los Tribunales Superiores de Justicia, para identificar conductas o decisiones que, aparentemente neutras, impactan especialmente sobre el colectivo de mujeres trabajadoras. Pero que, sin duda, resulta un instrumento imprescindible para garantizar la efectiva igualdad entre mujeres y hombres. La reciente Ley 15/2022, de 12 de julio, integral para la igualdad de trato y la no discriminación, refuerza esta perspectiva al señalar que la perspectiva de género, la supresión de estereotipos y la ausencia de cualquier forma de discriminación han de presidir la actuación de los poderes públicos y la administración de justicia. A buen seguro, tras la STS de 20 de septiembre de 2022, la perspectiva de género aparecerá con mayor frecuencia en los pronunciamientos judiciales como criterio interpretativo en favor de la igualdad y la no discriminación por razón de sexo.

5 comentarios en «Perspectiva de género en la interpretación judicial: un paso adelante en el reconocimiento de enfermedades profesionales en actividades feminizadas»

  1. Gracias por la aportación. Sin duda tendremos que ir incorporando la perspectiva de género al análisis de todas las situaciones que se nos planteen.

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  2. Buenos días.
    Otro de Cantabria que se anima a comentar.
    Como es bien sabido uno de los elementos constitutivos de la Enfermedad Profesional es que la misma sea provocada por la acción de elementos o sustancias indicadas en el cuadro.
    Respecto a la enfermedad 2D01 – Hombro: Patología Tendidosa Crónica De Maguito De Los Rotadores, la actividad recogida alude a trabajos que «se realicen con los codos en posición elevada o que tensen los tendones o bolsa subacromial, asociándose a acciones de levantar y alcanzar; uso continuado del brazo en abducción o flexión, como son Pintores, Escayolistas, Montadores».
    En la mayoría de las ER del puesto de limpieza no se recoge dicho riesgo y los trabajos que pudieran requerir especiales requerimientos, en la actualidad o se realizan con la ayuda de determinados equipos de trabajo o dichas actividades se desarrollan a través de determinados procedimientos ejecutados por peones especialistas, que evitan someter a dichos agentes físicos al trabajador.
    Por lo que, en mi opinión, tiene difícil encaje en dicha contingencia la patología expuesta.
    Un fuerte abrazo para todos los integrantes del Foro, especialmente profesora Puebla y profesor Mercader, del que disfruté en la UC.

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    • Buenos días Jesús
      Muchas gracias por la lectura y por tu comentario. No conozco los detalles de la prestación de la limpieza pero coincido contigo en que la inclusión de determinadas enfermedades que se producen en esta profesión requieren un análisis técnico, completo y complejo, sobre si son o no debidas al ejercicio de la profesión. La perspectiva de género es, sin duda, un instrumento útil y necesario para corregir algunas interpretaciones pero no puede ser utilizado para sustituir la labor de los técnicos ni del legislador.
      Un saludo

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