¿Y si las becas son sustitutivas de los contratos formativos? Las claves de la reforma laboral 2021

¿Y si las becas son sustitutivas de los contratos formativos? Las claves de la reforma laboral 2021

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Con motivo de la publicación de la reforma laboral, la Revista Labos ha editado un número monográfico, que ya está disponible, en el que se incluye el artículo LA REFORMA LABORAL 2021 Y EL NUEVO CONTRATO FORMATIVO: ¿LA PROPUESTA DEFINTIVA?. Esta entrada destaca algunos de los aspectos esenciales, pero invitamos a nuestros lectores interesados en profundizar en la materia a consultar el trabajo completo.

Desde la aprobación del ET de 1995, los contratos formativos han sufrido, salvo error, diez reformas o modificaciones legislativas. El motivo, declarado o no, de todas ellas era impulsar la utilización de estas modalidades contractuales como una vía de lucha contra el persistentemente alto desempleo juvenil mediante un instrumento a priori muy eficaz como es la formación. La estrategia empleada ha sido en la práctica totalidad de los casos una continua flexibilización de su regulación que, sin embargo, la ha vuelto bastante más compleja. Baste comparar la evolución del literal del art. 11 ET en las diferentes versiones legislativas para corroborar esta afirmación. Sea como fuere, como en tantos otros ámbitos, el resultado de esa acción flexibilizadora ha sido una degradación de las condiciones de trabajo sin que, paradójicamente, se haya incrementado su uso en términos porcentuales, ni con carácter general, ni para la franja de edad de los más jóvenes. Basta consultar la serie histórica para comprobar que su escasa utilización es un problema enquistado de nuestro mercado de trabajo ¿Conseguirá la reforma ponerle fin de una vez por todas?


Del análisis del nuevo art. 11 ET parece difícil extraer una conclusión al respecto. Los elementos de la regulación que han sido reformados, en ocasiones lo son para mejorar las condiciones de trabajo de las personas contratadas bajo estas modalidades contractuales, mientras que en otras parece que el resultado beneficiará más el interés empresarial. Con independencia de esto, la experiencia práctica nos ha demostrado que la flexibilización de la regulación, en teoría más favorable a los intereses empresariales -o, al menos, frecuentemente reclamados por las empresas- no ha producido los resultados esperados en lo que hace a situar estas modalidades de contractuales en unos niveles de uso aceptables.


Así las cosas, quizá la clave no se encuentre en el art. 11 ET, sino en la DA 2ª RD 32/2021, que dispone que «el Gobierno, en el plazo de seis meses desde la entrada en vigor de esta norma, convocará a las organizaciones sindicales y empresariales más representativas para, en el ámbito del diálogo social, abordar el Estatuto del Becario que tendrá por objeto la formación práctica tutorizada en empresas u organismos equiparados, así como la actividad formativa desarrollada en el marco de las practicas curriculares o extracurriculares previstas en los estudios oficiales». El éxito de esta negociación resulta a nuestro juicio clave para determinar la de los contratos formativos.


No debe perderse de vista que las becas y prácticas no remuneradas son sustitutivos de los contratos formativos. En Economía se dice que un bien es sustitutivo perfecto de otro cuando son intercambiables. Esto implica que la subida del precio de uno supone un aumento de la demanda del otro debido a que los consumidores simplemente dejan de utilizar el primero, más caro, para emplear el segundo, más barato y que les reporta la misma utilidad. El adjetivo «perfecto» indica precisamente este último matiz, la utilidad es idéntica, frente a los imperfectos, en los que la sustitución es solo parcial .


Pues bien, a nuestro juicio, las becas y prácticas no remuneradas son sustitutivos perfectos del contrato en prácticas porque aquellas empresas que deseen formar empleados desde el punto de vista práctico pueden recurrir a estas a un “precio” mucho menor que en el caso de los contratos. En el supuesto del contrato en alternancia se podría hablar de una sustitución imperfecta, pues la beca o práctica no remunerada no garantiza que la persona trabajadora pueda terminar adquiriendo el título, sino que esto depende de su labor paralela en el ámbito formativo. Sea como fuere, aquí también hay sustitución, pues al menos se obtiene la formación práctica de acuerdo con las necesidades de la empresa. En ambos casos, el marco normativo de estas, la flexibilidad con que puedan usarse y la delimitación de su campo de actuación frente a los contratos formativos determinan sin lugar a dudas el grado de utilización de estos. De ahí que pueda argumentarse que no puede articularse una reforma de los contratos formativos que pretenda ser eficaz sin abordar la del conjunto de herramientas que sirven a su mismo fin en el mercado de trabajo .


En este sentido, pareciera que la reforma opta por una delimitación clara entre ambas figuras, de tal suerte que los contratos formativos se circunscribirían a la formación reglada, mientras que las becas y prácticas no remuneradas a la no reglada. Está por ver si el plan es finalmente este y, de ser así, si podrá ser llevado a la práctica, dada la fuerte oposición que en otras ocasiones ha despertado la regulación de las becas y prácticas no remuneradas. De ello dependerá el éxito de la reforma laboral en lo que a los contratos formativos se refiere.

1 comentario en «¿Y si las becas son sustitutivas de los contratos formativos? Las claves de la reforma laboral 2021»

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