El barco de Teseo y los antecedentes del actual modelo de Relaciones Laborales

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La paradoja de Teseo se pregunta si, cuando a un objeto se le reemplazan todas sus partes, este sigue siendo el mismo. El barco en el cual volvieron, desde Creta después de derrotar al Minotauro, Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos y los atenienses lo conservaron durante siglos, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes. La cuestión tiene alcance filosófico: ¿después de haber sido reemplazadas todas las piezas que conforman un objeto, este puede seguir considerándose el mismo o pasaría a ser un objeto diferente al inicial? Hay quienes defienden que el barco continuaba siendo el mismo, mientras otros aseguraban que no lo era.

Algunos de los males de nuestro sistema de relaciones laborales han sido atribuidos, por ciertos sectores de la doctrina de nuestro país, a su impronta corporativa. Se dice que el hito fundacional del moderno Derecho del Trabajo puede descubrirse en el Código del Trabajo y la normativa corporativa nacida con la Dictadura de Primo de Rivera. Los principios regula­dores de la relación individual de trabajo y su estructura de gobierno serían el resultado de la consolidación en el inconsciente colectivo de modelos como el de los Comités Paritarios (claramente inspirados en el corporativismo italiano), que se trasvasaron a la Ley de 21 de noviembre de 1931, que aprobó la Ley de Contrato de Trabajo de la Segunda República, de ahí al modelo franquista y, de éste, al democrático nacido de la Constitución. El mal del intervencionismo administrativo, el mal de la eficacia general de los convenios y otros males trazan, según estas líneas de opinión, indiscutibles puntos de unión con aquel añejo modelo.

Es cierto que, como nos recordaba el Maestro Alonso Olea, no es posible un análisis riguroso del Derecho sin el cabal conocimiento de su pasado, pero lo cierto es que resulta difícil extraer después de cien años y de casi cincuenta desde la instauración de nuestro modelo constitucional que lo que fueron las piezas definidoras de aquel sistema en los años veinte del pasado siglo, hagan que el barco de las relaciones laborales de nuestros días tenga alguna identidad con aquél que sirvió para cruzar ese mar en un momento histórico pretérito por mucho que las piezas esenciales que lo integraran fueran las mismas. Ni el contexto normativo, ni los principios inspiradores, ni sus fundamentos, se conservan. El barco ha perdido sus propiedades esenciales; ahora son piezas de otro barco.

Por mucho que los núcleos de articulación normativa sigan siendo los mismos (contrato, autonomía colectiva, Administración, control judicial, etc…), el modelo democrático de relaciones laborales que alumbró la Constitución ha sido diseñado y construido sobre bases que han ido dotando de nuevos fundamentos a las instituciones sobre las que se asienta,. Pero lo que es absolutamente evidente es que nada tienen que ver los principios constitucionales que dan luz al modelo de intervención administrativa, ni existen identidades en el fundamento normativo que sirve de base a la negociación colectiva máxime cuando esta se asienta ahora, incontestablemente, en el derecho fundamental de libertad sindical. En definitiva, el modelo social, el Estado social y democrático de Derecho que define el art. 1.1 de la CE, es el resultado de la firme y reafirmada voluntad popular manifestada a través de sus representantes en las Cortes a través de sus Leyes, muchas de ellas, fructífero resultado del diálogo social en un marco de plenas libertades.

La sociedad democrática en la que vivimos ha hecho suyas las categorías jurídicas básicas, las piezas esenciales del barco laboral, pero las ha moldeado al calor de los valores y principios constitucionales. La impagable labor del Tribunal Constitucional en el diseño y definición de ese marco de coincidencias que es la Constitución ha servido para definir y redefinir con perfiles incuestionablemente democráticos las instituciones laborales clave. Por ese motivo, justificar en el pasado nuestro presente puede generar una frustración notable. Cuando observamos el edificio laboral que la sociedad ha construido durante casi un siglo, preocuparse por los materiales originales, que solo son recuerdos del pasado, tiene como resultado no apreciar la magnitud del edificio. En definitiva, esa mirada al pasado desvaloriza el enorme esfuerzo que la sociedad española ha tenido que hacer para construir nuestro actual modelo de convivencia laboral.

Es imprescindible que nos enfrentemos a los nuevos retos que afronta nuestro sistema normativo con una mente abierta que sea capaz de integrar la lógica transformadora que viene de la mano de la digitalización, la Inteligencia Artificial, el cambio climático y las transformaciones, no solo en la demografía, sino en algo más profundo: la cultura del trabajo en nuestros días. Creo que la nueva exigencia es ilusionante y el esfuerzo al que la sociedad se enfrenta es retador. En él podremos reflexionar sobre la funcionalidad o disfuncionalidad de determinadas instituciones, sobre la necesidad de su cambio y de su adaptación, pero, siempre, desde su balance democrático, dejando a un lado imágenes que pueden, incluso, sonar a nostálgicas. El terreno en el que algún momento hundieron sus raíces y fundamentos las piezas maestras de nuestro sistema de relaciones laborales, afortunadamente, ha desaparecido. Y, como le ocurrió al barco de Teseo, el barco es, ahora, otro…  

1 comentario en «El barco de Teseo y los antecedentes del actual modelo de Relaciones Laborales»

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