Una valoración crítica del contrato de trabajo intermitente o a llamada en Italia

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El objetivo del artículo publicado en el Vol. 2 Núm. 3 (2021) la Revista Labos es analizar el trabajo a llamada en Italia. Es un tipo de contrato de trabajo donde el empleador no garantiza un mínimo de trabajo. En el artículo, se exponen las razones de su introducción en el ordenamiento italiano, su evolución normativa e impacto práctico. Este análisis funciona como referencia o espejo para valorar los efectos de una regulación de fórmulas de trabajo a demanda en España, que viene siendo reclamada sobre todo por empresas basadas en plataformas digitales de prestación de los servicios.

Un erróneo punto de partida podría considerar carente de provecho el estudio de una institución de Derecho comparado no regulada en el Derecho Español, salvo a modo de curiosidad científica por una especie foránea. Sin embargo, el examen de los ordenamientos que regulan el trabajo a llamada es un elemento de indudable interés por varios motivos. En primer lugar, porque las empresas transnacionales practican cada vez más la selección de los países con regulaciones laborales flexibles, al modo de lo que acontece a la hora de seleccionar paraísos fiscales o países que ofrecen a las compañías una menor tributación.

Por otra parte, además del efecto de atracción empresarial y de la posible extraterritorialidad de las fórmulas de trabajo flexible en un mundo globalizado, el trabajo intermitente está llamado a tener gran protagonismo en el ámbito de la llamada economía digital, donde se producen cada vez más trabajos on-call.

El rechazo a la consideración como autónomos de los prestadores de servicios a través de empresas que utilizan las plataformas digitales para facilitar el acceso a bienes o servicios, que se ha producido en algunos países como España para el personal de reparto, ha incrementado el interés por las formas laborales de regular el trabajo intermitente. El molde contractual del trabajo a llamada se ajusta casi perfectamente a las necesidades de las plataformas virtuales o apps, que se basan en las posibilidades tecnológicas abiertas por la red para conectar digitalmente a oferentes de servicios con clientes, pues hay una demanda de un trabajo irregular y fluctuante en función de los requerimientos de los consumidores. Pero el trabajo a demanda también aparece en empresas de sectores más tradicionales, como el turístico, el de la distribución o el del transporte, donde se producen formas de trabajo cada vez más flexibles, breves y discontinuas.

Pero en el universo de los ordenamientos que regulan el trabajo a llamada ¿por qué estudiar específicamente la regulación italiana del contrato de trabajo intermitente?

El primer motivo que haría interesante el estudio de la regulación italiana del trabajo intermitente es que dicho contrato atípico se introdujo con carácter experimental, a modo de fórmula hiperflexible de contrato de trabajo y como alternativa al trabajo sumergido y al desempleo, en particular para colectivos con dificultades de acceso a otras fórmulas de trabajo más estables. Su introducción fue polémica con dos posiciones claramente diferenciadas. Por una parte, la de justificarlo como un instrumento para acabar con bolsas de trabajo en negro ofreciendo un tipo de contrato muy flexible. Por otra parte, para otros, este contrato no sólo no frenaría, sino que favorecería el empleo irregular e introduciría más precariedad. Merece la pena analizar el resultado del ensayo y, en su caso, escarmentar en cabeza ajena, a partir de lo acaecido con este contrato desde su introducción en el ordenamiento italiano hace casi veinte años.

Pero además de las motivaciones anteriores, el estudio de la regulación transalpina del trabajo a llamada se justifica por una razón adicional. Y es que es una ordenación original y completamente diferente de la de otros ordenamientos que regulan el trabajo a demanda. De entrada, este tipo de contratos en Italia no son una traslación exacta del molde originario anglosajón.

De hecho, como luego se expondrá, uno de los motivos por los que el legislador italiano apostó por regular un tipo de contrato de trabajo a demanda o intermitente, fue precisamente como una apuesta para luchar contra la economía sumergida y el falso trabajo autónomo, ofreciendo un tipo de contrato amparado por el paraguas de la subordinación, pero eso sí, hiperflexible en cuanto a la obligación de ofrecer trabajo. Este, si se me permite la expresión, “señuelo” liberaría a las empresas que ofrecieran trabajo a llamada de la obligación de hacerlo con una base permanente y estable, a cambio de reconocer la existencia de relaciones de trabajo subordinadas.

En este último sentido, la regulación italiana del trabajo intermitente es también original si la comparamos con otros sistemas foráneas pues no hay una obligación de pactar un mínimo de horas semanales. En cambio, en el trabajo a demanda en Alemania, conocido como Arbeit auf Abruf o Kapovaz, término éste último que podría traducirse como trabajo de guardia y que sería sinónimo del trabajo a llamada, sí ha de fijarse un mínimo que garantice una cierta previsión vital y laboral a los trabajadores, de modo que, de no acordarse dicha base mínima, esta viene fijada en la ley.

Asimismo, la legislación italiana del trabajo intermitente tiene otro elemento característico que la singulariza. Como luego se expondrá con mayor detalle, se ha apostado por fomentar este contrato entre colectivos con dificultades de entrada en el mercado de trabajo. En concreto, en el caso de jóvenes y trabajadores mayores se configura el contrato como un instrumento de fomento de empleo habilitando para estas personas trabajadoras que tienen una determinada edad una causa específica que permite su contratación a llamada, en los términos literales de la ley, “en cualquier caso”. Prescindiendo por ahora, del debate generado sobre si ello beneficia o castiga a estos colectivos o si constituye una discriminación por razón de la edad, la regulación italiana sería una apuesta diferente en el panorama del derecho comparado del trabajo a llamada. Así existirían países que no establecerían distinciones para colectivos de trabajadores, como el Reino Unido, donde los ZHC estarían permitidos para todo tipo de trabajadores. En cambio, en otros países que admitirían el trabajo a demanda, sí se instaurarían límites, y estos irían precisamente en un sentido contrario al del legislador italiano. Así en regulaciones como la belga, este tipo de contratos se reservaría legalmente para profesionales cualificados, como personal informático o trabajadores/as de consultoría empresarial.

El estudio de la regulación transalpina del trabajo a llamada resulta particularmente interesante, pues el foco del análisis se sitúa en si puede ser una buena alternativa concebirlo para trabajadores con dificultades de empleabilidad a cambio de ofrecer un contrato hiperflexible.

Si quieres leer más sobre este tema, el trabajo completo está disponible, en abierto, en la Revista Labos

1 comentario en «Una valoración crítica del contrato de trabajo intermitente o a llamada en Italia»

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